Mi sobrino siempre le tuvo terror al dentista… y a las inyecciones. Y durante su ‘juventud’ yo lo llevaba a Mi Dentista (panita de muuucho tiempo).
En una ocasión, mientras esperábamos en la salita, un Nene que había entrado previamente con su Mamá, empezó a gritar. Y yo entré a la oficina y le dije al Nene que dejara de gritar, que tenía a mi sobrino nervioso. Parece que lo impresioné… o lo asusté, por mi tono de voz. De todas maneras se calmó (yo me quedé adentro). La Mamá… ni me miró.
Cuando le tocó a Cheo, salgo a la salita y lo llamo. El se para… y los demás pacientes se miraron entre sí. ¿Les dije… que ya era… casi trentón? Estando ya en la silla… y a punto de… me dice: ¿No me vas a aguantar la mano? !Agárrate de la silla! Y me despegué un poco de él… mirando hacia el otro lado. El dentista y su equipo hicieron lo suyo.
El sob… sobrevivió el evento… la silla… no sé. Y el tiempo siguió su curso. Hágase!
Saber que alguien está es importante (aguantar la mano). De igual manera es importante estar pero guiar a que se aprenda (aguántate de la silla)
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